LA COMUNICACIÓN Y LA CONVERSACIÓN

La comunicación es una manifestación de nuestro ser social, que nos permite relacionarmos con las demás personas, mediante un código común que comprenden el emisor y el receptor y que se expresa en un contexto determinado. La argumentación es comunicación. La comunicación efectiva es crucial en el mundo jurídico y político, pues nos relacionamos por medio de ella. En ambientes democráticos y participativos, abiertos a la comunicación, la conversación y al uso del lenguaje, el consenso es más fácil de lograr, porque es posible ofrecer la voluntad para conversar, contar historias, ofrecer argumentos, discrepar para lograr acuerdos o soluciones a los problemas o dificultades que pueda ofrecer la cotidianidad.

En la vida cotidiana, vivimos inmersos en conversaciones argumentativas para coordinar acciones y para llegar a acuerdos cuando hay discrepancias. La comunicación efectiva es crucial en el mundo jurídico y político, pues nos relacionamos por medio de ella. Interactuamos con los otros en conversaciones, siempre caminando con las palabras, usando el lenguaje para entendernos. Sin embargo, conversar exige aprendizaje, el seguimiento de ciertos principios y pautas de comportamiento. En efecto, la comunicación es asertiva cuando intervenimos en una conversación con una actitud de cooperación y de respeto hacia el otro y con ideas presentadadas de manera clara y serena.

Robert Alexy y Grice ofrecen reglas de claro sabor democrático para tener en cuenta en cualquier debate o conversación que pretenda lograr un acuerdo y que agrupamos a continuación. Son el reconocimiento de las garantías de participación, libertad e igualdad de las partes presentes en el proceso judicial y, en particular, en toda conversación o argumentación. Grice al explicar el principio de cooperación que orienta el proceso comunicativo, indica que quienes intervienen en una comunicación han de reconocer que existe un propósito común y debe haber esfuerzo de cooperar. El principio de cooperación se desarrolla con los siguientes principios[1] que se irán revelando en varios capítulos de este libro:

I. Cantidad. Se refiere a la cantidad de información. Comprende las siguientes máximas:

1) Que la contribución sea todo lo informativa que requiera el propósito del diálogo.

2) Que la contribución no sea más informativa de lo necesario.

II. Cualidad. Intente que su contribución sea verdadera. Comprende las siguientes máximas:

1) No diga algo que crea falso.

2) No diga algo de lo que no tenga pruebas suficientes.

III. Relación. Máxima: diga cosas relevantes, que se relacionen con lo que se está hablando.

IV. Modalidad. Tiene que ver con el modo de decir las cosas. Supermáxima: sea claro. Se complementa con las siguientes máximas:

1) Evite la oscuridad de la expresión.

2) Evite la ambigüedad[2] .

3) Sea breve (no sea innecesariamente prolijo).

4) Sea ordenado.

Las anteriores reglas se complementan a las de Robert Alexy, así:

V. Todo el que pueda hablar, puede tomar parte en el discurso.

VI. a. Todos pueden cuestionar cualquier afirmación.

b. Todos pueden introducir cualquier aseveración en el discurso.

c. Todos pueden exteriorizar sus posiciones, deseos y necesidades.

VII. Ningún hablante puede ser impedido de ejercer la salvaguardia de sus derechos fijados en (v) y (vi), cuando dentro o fuera del discurso predomina la fuerza[3].

Para garantizar la regla: “se puede cuestionar cualquier afirmación”, se ha diseñado un proceso democrático, dialéctico y bilateral que facilita la comunicación. Lo rige el principio de contradicción, porque se desarrolla entre dos partes que ofrecen posiciones encontradas, con argumentos afirmativos y negativos. La dialéctica, como arte de la discusión, que enseña a defender una tesis y a atacar la del adversario (antítesis), brinda caminos para la definición de los conflictos. El juez oscila entre esas dos posiciones y selecciona la tesis o la teoría del caso mejor argumentada, que ofrezca serios fundamentos fácticos, probatorios y jurídicos. Por eso, cada cual persuasivamente, busca atraerlo a su lado. La solución aceptable, justa, equitativa y ejemplar, será, en consecuencia, resultado de haber permitido la labor de argumentar, refutar o contraargumentar.

Según lo expuesto, son objetivos de este Capítulo: (i) Conocer la importancia que tienen la comunicación asertiva y las conversaciones para solucionar preventivamente los conflictos. (ii) Examinar el rol que cumplen los terceros (el tercer lado) cuando fungen como árbitros o mediadores de las diferencias. (iii) Determinar las actitudes éticas, políticas y emocionales, los derechos y deberes, de los participantes en una discusión. (iv) Ofrecer reglas y recomendaciones que faciliten las conversaciones como vía para llegar a acuerdos y solucionar conflictos.

[1] Ver M. Victoria Escandel Vidal en “Introducción a la pragmática”, Capítulo 5 Grice y el principio de cooperación, pág. 91.

9. ROBERT ALEXY. Teoría del discurso y derechos humanos. Universidad Externado de Colombia. Primera edición. 1995, p. 70.

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