“LAS COMPETENCIAS PARA ASUMIR EL CONFLICTO Y CREAR EL TEXTO JURÍDICO”.


Resolver los conflictos por la vía pacífica, reclama de un cambio cultural por parte de los ciudadanos, de la sociedad y de las instituciones públicas y privadas. Muchas veces se acude a la violencia, porque culturalmente no se ha aprendido otra manera de reaccionar. El peligro de caer en conflictos destructivos no solo viene del exterior sino del interior de cada ser humano: “de la costumbre de caer en conflictos destructivos, a menudo mortales, cada vez que aparece una diferencia grave entre dos personas, dos grupos o dos naciones”[1].

Es ideal que las controversias se solucionen por la vía de la conversación y la argumentación. Este es el gran reto, cambiar la cultura, la manera de asumir el conflicto en las familias, en el trabajo y en las organizaciones. Vivir en paz requiere de aprendizaje continuo. Aprendizaje orientado a que las personas posean un conjunto de competencias: comunicativas, ético-políticas, cognoscitivas, emocionales, argumentativas, conversacionales. La discusión constructiva es un camino que permite prevenir y solucionar el conflicto mediante el respeto, la empatía, el reconocimiento de las diferencias, la tolerancia, la escucha activa, la flexibilidad y el uso adecuado de la palabra y de la argumentación.

Precisamente, el Estado de derecho, social, liberal y democrático, por medio de la rama judicial y otras instituciones del poder público, tiene la función de asegurar la convivencia pacífica. Y para lograrlo es indispensable cumplir con los fines superiores previstos en la Constitución; proteger a todas las personas en sus derechos, vida, honra, libertades y creencias; actuar de acuerdo con los valores y principios generales del derecho. También asegurar el cumplimiento de los deberes sociales, como lo son, entre otros, respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios, obrar conforme al principio de solidaridad, participar en la vida política, cívica y comunitaria del país, colaborar para el buen funcionamiento de la administración de justicia.

Ahora con respeto a las competencias para la creación del texto es notoria la importancia del aprendizaje de ellas, pues su falta puede dar lugar a errores judiciales cuando se toman decisiones. Situación que da pie para que quienes deciden sobre los derechos en la administración de justicia y la administración pública cometan injusticias. Max Hirscheber trae ejemplos auténticos, dramáticos, de equivocaciones judiciales y de las causas de estas. Asegura que podría evitarse penar a inocentes, si la justicia en sus fallos condenatorios decidiera según la certeza crítico-científica y no por convicciones dictadas por el sentimiento. Él nos permite reflexionar acerca de la necesidad apremiante de diagnosticar las dificultades que genera la elaboración del texto jurídico. Ve la necesidad de un estudio científico de las sentencias erróneas, pues este estudio permite detectar errores habituales y, en consecuencia, definir estrategias de solución, porque sin un trabajo de esa naturaleza es como si una enciclopedia de medicina no tratara las patologías generales y especiales[2].

El diagnóstico permite reconocer los signos de la enfermedad: las dificultades al construir y narrar los hechos, al plantear un problema jurídico, al sustentar la tesis, al probar, interpretar o argumentar, al usar el lenguaje o al hablar. Por eso Hirscheber diagnostica que la sentencia errónea suele tener lugar por una equivocada contemplación de los hechos, que a su vez tiene como causa la defectuosa apreciación de la prueba, por la valoración no crítica de la confesión de cargos aducidos por coacusados, de las deposiciones testificales y de los dictámenes periciales. Además, por el error en el reconocimiento y la mentira como prueba de la culpabilidad[3].

Por eso, surge la tarea inaplazable de definir estrategias pedagógicas que suplan las deficiencias o patologías diagnosticadas. En el libro insistimos en el cuidado de los aspectos de forma y de fondo, pues con acierto se ha dicho que las grandes obras se reconocen por la perfección de sus acabados. Un buen profesional debe trabajar con los mejores insumos y las herramientas afinadas. Las prácticas forenses no son suficientes, pues se limitan a reunir formatos, pero nada dicen acerca del conjunto de competencias necesarias para redactar la literatura jurídica o pronunciar un discurso oral.

De acuerdo con lo anterior, con el fin de encontrar patologías y soluciones, en este trabajo se detectan ciertos problemas de formación de los abogados sobre la creación del texto. Igualmente, se relacionan las dificultades o los errores que se pueden cometer cuando se toman decisiones. Esas dificultades se han mencionado en las ediciones de este libro y en otros estudios que se citan en este trabajo. A partir de ellas, se identifican competencias indispensables para crear el texto jurídico. Es el caso del “Manual de escritura jurídica” impulsado por la Agencia Jurídica del Estado[4] y el “Libro de estilo de la justicia” redactado en España, por un convenio de colaboración entre el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y la Real Academia Española (RAE) para impulsar una más diáfana utilización del lenguaje por parte de los jueces y magistrados y españoles, en aras de una mayor claridad expositiva de su argumentación, un lenguaje jurídico de calidad, modernidad, rigor y comprensión que reclama la sociedad del siglo XXI, que, sin duda, cosechará múltiples beneficios para la seguridad jurídica.

Las falencias se pueden cometer en cualquiera de los pasos del proceso de creación del texto. Desde la fase inicial de su invención, cuando investigo, estudio y planeo qué voy a decir. En la disposición de cada una de las partes del texto: en su arquitectura, en el diseño de la estructura. En la imprecisión de las pretensiones. La equivocada contemplación de los hechos. Ausencia de valoración de la prueba. Falta de determinación del problema jurídico o de la teoría del caso. La falta de motivación, motivación contradictoria o anfibológica. No dar respuesta a los alegatos. Textos innecesariamente extensos. Usar inadecuadamente el lenguaje. Errores de puntuación y ortografía. Exagerado uso de mayúsculas, negritas y subrayados. Textos innecesariamente largos. Falta de revisión y edición cuidadosa del texto, etc.

La conciencia, vista como esa capacidad de mirar nuestros aciertos y desaciertos, nos permite observar que podemos incurrir en cualquiera de esas fallas. Y esa conciencia es una vía para encontrar estrategias de solución y adquirir las competencias que se examinan en este libro. Se ofrece una visión de conjunto que desde lo alto de la montaña muestra el paisaje, el conjunto de competencias requeridas para la producción de los discursos orales o escritos. Es una visión interdisciplinaria que pretende ofrecer los insumos que ayuden a los neófitos, a los estudiosos y a los experimentados a crear los textos que exige la práctica del ejercicio profesional. Se trabaja desde la síntesis que permite reunir elementos distintos o dispersos para organizarlos y aplicarlos a la creación del discurso jurídico. En otras palabras, la síntesis nos da la capacidad de tejer disciplinas, que en la universidad se estudian de manera separada[5]. Por eso, puede parecer ambicioso comprender todos los insumos que intervienen al producir el discurso jurídico, pero la idea es que el lector pueda ver la conexión de las varias disciplinas que hacen presencia al producir un texto.

En la universidad se estudia en módulos aparte el derecho constitucional, el derecho procesal, el derecho probatorio, la lógica, la argumentación, el lenguaje, los valores y los principios, y puede suceder que el creador del texto no los relacione de una manera adecuada y no comprenda cómo influyen en la práctica. De acuerdo con lo expuesto, el Capítulo I persigue los siguientes objetivos: (i) Realizar un diagnóstico de las fallas que se pueden cometer al crear al texto jurídico con el fin de trabajar en la solución de estas. (ii) Identificar las necesidades de formación de los abogados en cuanto a la creación de los textos para definir núcleos temáticos de este libro. (iii) Ofrecer una visión panorámica de las competencias indispensables para asumir el conflicto y crear o construir decisiones caracterizadas por ser independientes, legítimas, válidas, eficaces, razonables, aceptables, justas, equitativas y ejemplares.

[1] WILLIAM L. URY. Alcanzar la paz. Paidós, pág. 17. La paz no es sólo la ausencia de guerras. Es la ausencia de conflictos interiores en los seres humanos. [2] MAX HIRSCHERBER. La sentencia errónea en el proceso penal. Ediciones Jurídicas Europa-América. Buenos Aires.1969, p. 1. [3] Ibídem. [4] Dirección por Diego López Medina. Legis Editores S.A. Primera Edición, 2018. También se puede leer el “Protocolo para la estructura y redacción de sentencias y otras recomendaciones sobre lenguaje y comprensión de las actuaciones judiciales” de la XIX Cumbre Iberoamericana realizada en Ecuador [5] HOWARD GARNER, en su libro “Las cinco mentes del futuro”, explica que “La capacidad de entretejer información procedente de distintas fuentes en un todo coherente es vital en el mundo de hoy”. La forma de síntesis más ambiciosa se produce en el trabajo interdisciplinario. Cuando los estudiantes han empezado a dominar las distintas disciplinas, no hay garantía de que las relacionen de una manera adecuada o productiva. Sintetizar exige combinar elementos originalmente separados o distintos. Ediciones Paidós Ibérica S.A. 2005.


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